Grupo de Autoconciencia Feminista – Septiembre 2021

Un grupo de autoconciencia feminista es un espacio seguro de mujeres y para mujeres para hablar, para poner en palabras aquello que nos habita o que nos ha pasado en esta sociedad misógina. Un espacio dónde  sabemos que seremos creídas y no juzgadas y dónde poder reflexionar sobre nuestra experiencia desde una perspectiva feminista. 

A continuación, resumo las reflexiones de las cuatro mujeres que nos reunimos en el grupo de autoconciencia feminista de septiembre.

“Me cuesta mucho parar cuando estoy enferma y decir “no” a los compromisos y obligaciones”

Una compañera expresó que había estado enferma dos semanas y que su lentitud para recuperarse se debía, básicamente, a su dificultad para descansar. Reflexiona que descansar lo mínimo imprescindible y seguir siendo productiva es un introyecto aprendido a fuego en este sistema capitalista y patriarcal. Hay que vigilar esta tendencia a pesar de que nuestra actividad sean cosas tan loables como la lectura, el activismo, la atención a otras personas. Dentro de ella observaba este aprendizaje condicionado a la abnegación y al sacrificio.

“Es difícil tener relaciones con mujeres cuando estas siguen enfocadas en ellos”

Otra compañera contó su dificultad para tener vínculos fuertes con amigas heterosexuales debido a que ellas dedican toda su energía, todas sus palabras y todos sus pensamientos a la pareja. Cuando esta amiga le cuenta su nuevo enamoramiento de un nuevo “príncipe azul” (después de que todos los anteriores han sido un desastre) esta le contesta: “Ya sabes lo que pienso, no esperes que te felicite”. Y es que una y otra vez, las cosas acaban mal con ellos. Aún así,  concluyó que era mejor aceptar que su amiga le hablara de sus relaciones de pareja con hombres para poder estar ahí cuando la necesitara.

“No hay que darles el poder de que nos desequilibren”

Otra compañera, hablando de los hombres y de la violencia que ejercen contra las mujeres, reflexiona que ella intenta no relacionarse con ellos más allá de su círculo familiar. Es lesbiana y sus principales vínculos son con mujeres. Respecto a los hombres dice que trata de no enojarse a diario al pensar en toda la violencia que ejercen para poder vivir en paz. Comparte también la misma experiencia que la mujer anterior con las mujeres heterosexuales. En particular ha experimentado que las parejas hombres de su madre siempre han mediado en su relación con ella: dificultándola.  Reflexiona que la heterosexualidad obligatoria genera una dependencia existencial de las mujeres de ellos y que a pesar de todo lo que hagan, siempre se les perdona. El pensamiento que le consuela es pensar en la creación de la “isla conchita”. Una isla solo para mujeres.

“Me enamoraba de la fantasía”

La siguiente compañera nos cuenta su ruptura con su ex, varón. Un buen día en medio de la incertidumbre de la pandemia, sintió que necesitaba desaparecer del piso dónde vivía con él y volver con su madre, sin mediar palabra. Nos contó que este hombre tenía tupper que usaba de orinal debajo de la cama y que ella no lo sabía. El señor no lo limpiaba. Cuando ella se enteró comprendió porque por la noche le venían efluvios de pis en la habitación sin comprenderlo. También se enteró de que era putero e infiel. Iba de feminista y se aprendió velozmente el neolenguaje queer. Cuando alguien le echaba en cara que hacía machistadas, él se escudaba diciendo que era “no binario” y mostrando una fachada feministoide. Un día, al volver ella a la casa a por sus cosas, justo al pasar la puerta, inmediatamente se sintió mal, como envenenada. Ahí comprendió que así era cómo realmente se sentía con los hombres y decidió no volver a estar con ninguno más. Se dio cuenta de que en realidad se enamoraba de la fantasía de su idea de «los hombres» y no Nos contó que ahora vive con su madre. Hacen su vida juntas y están felices. Ha recuperado y mejorado su relación con ella.

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